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Investigación y desarrollo en energía: el papel de la Unión Europea Imprimir E-Mail
origen: F. Javier González   
lunes, 18 de noviembre de 2002
Indice de Artículos
Investigación y desarrollo en energía: el papel de la Unión Europea
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El apoyo público

En este escenario, tanto empresas como Administración deben jugar su papel. En el aspecto público, los programas de financiación son el reflejo de las prioridades políticas del momento, conjugando aspectos sociales, medioambientales, científicos y competitivos. En España, el apoyo gubernamental se canalizaba durante los años 80 y 90 a través del PIE (Plan de Investigación y Desarrollo Tecnológico Eléctrotécnico), de obligado cumplimiento por Decreto Ley para el sector eléctrico en conjunto y que se cerró con más de 1300 proyectos, así como de su equivalente en energías fósiles. Paralelamente, se inició el Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación que tomó el relevo y se erigió como el instrumento principal. Plan que contaba con 3.090 MEURO de presupuesto total en 2000.

el Plan Nacional de Investigación Científica se erigió como el instrumento principal

En el ámbito transnacional, la Unión Europea (UE) realiza una labor fundamental. Aunque la investigación no es todavía objeto de integración entre los Estados Miembros, puede considerarse la tercera gran política comunitaria, detrás de la agrícola y la de cohesión. Su respaldo se canaliza mediante dos instrumentos. El primero es el Programa Marco (PM), que en el periodo 1998 - 2002 dispuso de casi 15.000 MEURO y contó con dos subprogramas energéticos. Uno enmarcado junto a las áreas de medio ambiente y desarrollo sostenible, y otro destinado al sector nuclear (EURATOM). El nuevo PM cubre el periodo 2002 - 2006 y pretende crear el llamado Espacio de Investigación Europeo. El segundo pilar de apoyo recae en la Dirección General de Energía, a través programas plurianuales que abarcan desde eficiencia (SAVE, sucesor del conocido JOULE-THERMIE), renovables (ALTENER) y tecnologías limpias (CARNOT), hasta seguridad nuclear (SURE) y fomento de la producción y utilización del carbón (CECA -Comunidad Europea del Carbón y del Acero-), pasando por cooperación internacional (SYNERGY, ALURE).

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Inversión pública en I+D (1997). Japón y EEUU invierten en investigación cuatro veces más que la UE. El presupuesto de Japón dedicado a energía nuclear doble al asignado por la UE y EEUU a energías renovables y eficiencia energética. Fuente: Ministerio de Energía de EEUU.

Investigar en la empresa

A pesar de la inversión pública, las empresas tienen su propia estrategia de I+D. Unión Fenosa, por ejemplo, valora las actividades de I+D+I por su repercusión en la reducción de costes, el aumento de mercado, la diversificación y expansión de negocio y la mejora de la posición pública. En cuanto a proyectos concretos, Repsol-YPF empleó 96 MEURO en 2000 principalmente en recuperación terciaria de petróleo en pozos, reducción de costes operativos, disminución del impacto medioambiental, mejora de combustibles y lubricantes y optimización de la logística. Acorde con la coyuntura del sector, las empresas tradicionalmente energéticas han dirigido parte de sus esfuerzos en I+D hacia la diversificación de su actividad, principalmente en telecomunicaciones y tecnologías de la información. Este es el caso de ENDESA, que ha apostado por la transmisión de voz y datos a través de la red eléctrica.

a pesar de la inversión pública, las empresas tienen su propia estrategia de I+D

Por otra parte, las pequeñas y medianas empresas generalmente tienen una escasa actividad investigadora debido a la falta de estructura empresarial adecuada, una pobre cultura innovadora y las elevadas inversiones necesarias. Su estrategia se orienta más a corto plazo y se dedica mayoritariamente a energías renovables y bienes de equipo industrial y doméstico, algo en lo que quizás es más fácil competir. Ecotècnia e ISOFOTON son dos ejemplos de pymes españolas que han crecido apostando por la innovación, la primera en aerogeneradores eólicos y la segunda en células y módulos fotovoltaicos.

Aunque pueda parecer ilógico, no siempre es necesario invertir en proyectos de I+D para disponer de tecnología. Es posible innovar sin investigar estando al día de los desarrollos de competidores y centros de investigación y adquiriendo los que sean de interés. La vigilancia tecnológica permite detectar tecnologías emergentes y ajenas con el fin de ahorrar esfuerzos, pues según la Comisión Europea, la industria europea pierde anualmente 20.000 M$ investigando en tecnologías ya patentadas. En este contexto, la transferencia de tecnología se convierte en una herramienta perfecta para beneficiarse de tecnologías innovadoras.

El futuro de la I+D

Según el Ministerio de Energía de EEUU, mientras que la inversión en I+D ha aumentado durante los últimos 20 años, el gasto relativo energético ha decrecido. Tan sólo en la UE el apoyo público ha disminuido un 13% desde 1984. La situación es preocupante cuando se evidencia que el ritmo actual de inversión no es suficiente para enfrentarse a las necesidades tecnológicas futuras.

Afortunadamente, la tendencia se está invirtiendo. En diciembre de 1997, los países más industrializados acordaron en Kioto reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera entre un 6 y 8% respecto a los niveles de 1990 para el periodo 2008 - 2012. El fenómeno del cambio climático supone un punto de inflexión en el planteamiento energético al impulsar un compromiso duradero de actuación y desarrollo de tecnologías más adecuadas para su mitigación. En un mundo donde el sistema energético continuará dominado por los combustibles fósiles durante los próximos 25 años, según estima la UE, la necesidad de dedicar los máximos recursos disponibles a la I+D se hace cada vez más presente.


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